Hacia la integración del psicólogo en el proceso de rehabilitación física

Por: Pedro A. Vélez Rivera, Estudiante Doctoral Psicología Clínica,
Task Force Psicología de la Salud
Un proceso de rehabilitación física puede ser causado por muchas circunstancias. Algunas de estas pueden ser accidentes de tránsito, heridas de guerra, enfermedades neuromusculares, accidentes de trabajo u otras condiciones de salud como, por ejemplo, accidentes cerebrovasculares (comúnmente conocidos como derrames cerebrales) (e.g. Corbière, Sullivan, Stanish & Adams, 2007; Benight, Cieslak, Molton & Johnson, 2008; O’Neil, Ideishi, Nixon-Cave & Kohrt, 2008). Si tomamos en consideración que la mayoría de estas situaciones han sido identificadas entre las principales causas de muerte, ausentismo laboral, hospitalizaciones extensas y necesidad de cuidados médicos prolongados (American heart Association, 2007), podemos ver que su impacto en la economía y sistema de salud es considerable (Dunlop, Song, Manheim, Daviglus & Chang, 2007).
Ciertamente pasar por un evento traumático representa una carga emocional para cualquier individuo (Schröder, Johnston, Morrison, Teuniseen, Notermans & van Meeteren, 2007). Esta situación se agrava cuando los efectos de dicha situación repercuten en nuestra habilidad de reintegrarnos a nuestras actividades cotidianas (van Campen & Iedema, 2007). Pasar por un proceso de rehabilitación física representa un período de ajuste en la vida de cualquier paciente así como para sus familiares o cuidadores primarios (Hwang, Johnston & Smith, 2007). Dentro de los equipos multidisciplinarios que usualmente trabajan en la rehabilitación física de estas personas, se incluyen profesionales de la salud en diversas áreas. Es común ver a terapistas físicos, ocupacionales y del habla laborar junto a médicos especialistas y trabajadores sociales para conseguir el bienestar y recuperación del paciente. No obstante, el componente psicológico y de salud mental no es atendido en su totalidad (O’Neil, Ideishi, Nixon-Cave & Kohrt, 2008). En Puerto Rico son pocas las unidades especializadas en rehabilitación física que existen. Dentro de estas es raro ver la integración de un profesional de la salud mental (sea psicólogo o psiquiatra) a tiempo completo. Usualmente cuando se atiende a un paciente es por un referido especial y no como parte de una evaluación de estado mental rutinaria.
Durante las pasadas décadas, la psicología se ha sitiado como una de las profesiones en el campo de la salud con mayor evolución (Brown, DeLeon, Loftis & Scherer, 2008). El auge que han tenido las diversas ramas de la psicología y su integración del modelo biopsicosocial de percibir a los individuos, ha contribuido a establecer la reputación de esta ciencia. Aunque la idea de que la psicología puede ayudar a la rehabilitación física de los individuos no es nueva (existe una división dedicada por completo a este campo dentro de la Asociación Psicológica Americana, APA, desde hace más de 50 años), aún existen muchas interrogantes sobre la utilidad de un profesional de la salud mental dentro de dicho proceso (Brown, DeLeon, Loftis & Scherer, 2008). Afortunadamente, cada día surge mayor literatura científica y basada en evidencia que provee apoyo a la necesidad de percibir al individuo como un ente cuya mente y cuerpo laboran conjuntamente para tratar de sobrellevar las enfermedades y traumas físicos (Danoff-Burg, Agee, Romanoff, Kremer & Strosberg, 2006).
Si tomamos en consideración que existe una correlación entre la presencia de lesiones físicas y la depresión (e.g. Sullivan, Stanish & Adams, 2007), la percepción y el ajuste social tras adquirir un impedimento (e.g. Benight, Cieslak, Molton & Johnson, 2008) y el nivel de ajuste emocional de los cuidadores primarios (Brown, DeLeon, Loftis & Scherer, 2008), podemos comenzar a entender el rol que tendría un psicólogo en el equipo multidisciplinario. Además de estar calificados para atender posibles condiciones de salud mental presentes previo al proceso de rehabilitación, un profesional de la salud mental podría hacer evaluaciones de ajuste emocional a la condición médica, optimizar las destrezas de afrontamiento del paciente y colaborar en la minimización del estrés asociado a la presencia de la condición (Powers, 2008). Así mismo, el psicólogo puede trabajar con la familia y cuidadores primarios del paciente para atender sus necesidades emocionales y de afrontamiento con la finalidad de aumentar las posibilidades de recuperación del paciente (Brown, DeLeon, Loftis & Scherer, 2008). Se ha demostrado que pacientes con una red de apoyo social sólida aparentan tener mejores resultados dentro de su rehabilitación física (Hwang, Johnston & Smith, 2007).
Como bien describen Brown, DeLeon, Loftis & Scherer (2008) un profesional de la salud mental especializado en la rehabilitación también puede participar en procesos educativos a los pacientes, familiares, profesionales de la salud y público general sobre condiciones de salud y qué esperar cuando se está pasando por un proceso de rehabilitación. Se pueden liderar grupos de apoyo para pacientes y familiares así como desarrollar programas de intervención y provisión de servicios a esta población. Con vasto nivel de experiencia, un especialista en rehabilitación podría ser pieza crucial en el desarrollo de políticas públicas que atiendan las necesidades de los pacientes.
Así pues, como hemos visto, el rol del psicólogo ha ido evolucionando más allá de la práctica privada. Con los nuevos avances en la ciencia se ha demostrado que el beneficio de atender el componente psicológico dentro del campo médico puede ser sustancioso (Brown, DeLeon, Loftis & Scherer, 2008). Por un lado está el bienestar del paciente y su estabilidad emocional durante el proceso de rehabilitación. Por el otro tenemos que mientras más satisfecho está un paciente con su tratamiento, menos propensión hay a que requiera intervenciones prolongadas (Powers, 2008). Esto representa una disminución considerable en gastos médicos para el paciente y las aseguradoras (Dunlop, Song, Manheim, Daviglus & Chang, 2007). Tambien, representa el servicio de salud que el ser humano necesita.
“A las agencias gubernamentales, organizaciones de base comunitaria y las empresas privadas del sector de la salud, les exhorto a reflexionar en que la salud mental no es algo que se alcanza o se tiene de manera automática, sobre todo en los tiempos difíciles que vivimos. Es algo por lo cual tenemos que trabajar de manera integrada para juntos elevar a viva voz un cántico de acción por el bienestar emocional de nuestros jóvenes, nuestros adultos, nuestros niños, y de nuestro futuro” (Serrano, 2006).



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